En
ningún otro lugar como en el jardín zen es posible apreciar
tan claramente la profunda y omnipresente influencia que
tuvo el budismo zen en la cultura japonesa. El cálido clima
marítimo y las frecuentes precipitaciones de estas islas
crean unas condiciones de humedad que hacen posible una
flora muy diversa. Este clima ha marcado notablemente
el diseño de los jardines asi como la sociedad y la cultura
del país.
Aparte
de la naturaleza se considera que las primeras influencias
sobre el jardín japonés derivan de los primeros jardines
chinos, cuya creación se remonta a unos 5000 años.
La antigüa tradición paisajística taoista, llena
de simbolismo, llegó a Japón a través de Korea en
el s.XII, sentando las bases los primeros jardines
japoneses. No obstante, el budismo zen llego a Japón
avanzando el s XII, por lo que no fue sino hasta
el año 1250 cuando probablemente comenzaron a aparecer
los primeros jardines de influencia zen.
La
elite intelectual japonesa encontró en el zen una mayor
afirmación de la vida y un modo de trascender las trivialidades
del mundo y de hallar las verdades espirituales ocultas. Por
encima de todo lo que los diseñadores pretendían era
aportar un asentamiento físico adecuado para la meditación
y la contemplación en silencio. El jardín era un lugar
donde los sacerdotes, los estudiosos, los nobles y
los guerrreros podían hallar un respiro en medio de
los rigores de la vida diaria.
Aquí, en un oasis
de paz diseñado para expresar una comprensión más
profunda de los principios zen, podían acrecentar
su percepción
de la belleza y comulgar con el mundo natural mientras
perseguían su meta de iluminación.
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